Los Vehículos de Movilidad Personal son cada vez más populares en las grandes ciudades, hasta el punto de que hoy, 10 de julio, se propone como la fecha para celebrar su Día Mundial. Bicicletas, patinetes eléctricos, hoverboards, monociclos eléctricos o monopatines, cualquiera de estos representa un nuevo paso hacia una movilidad más sostenible y, en tiempos de pandemia, más segura.

Esta popularidad también se traduce en ventas, como ya os comentó Jordi hace algunos días. A raíz de la situación derivada de la pandemia, bicicletas y patinetes eléctricos se han convertido en los vehículos elegidos por muchísimos usuarios que han decidido evitar exponerse al usar otros medios de transporte. Los servicios de alquiler de bicis eléctricas y patinetes eléctricos han dado un impulso, pero la propiedad ha dado un salto clave.

Aprovechamos este día para revisar algunos retos a los que se enfrenta el Vehículo de Movilidad Personal de cara a su integración definitiva en el dinámico ecosistema de la Nueva Movilidad. Son cinco puntos que, en nuestra opinión, representan los próximos grandes pasos a dar con el objetivo de que los VMP tengan su lugar dentro de la ecuación y sacar partido de todos los beneficios que ofrecen.

Extraído de: Zagorskas, Jurgis & Burinskienė, Marija. (2019). Challenges Caused by Increased Use of E-Powered Personal Mobility Vehicles in European Cities. Sustainability.

Regulación definitiva

Aunque en España la DGT ya ha publicado una instrucción al respecto, sigue vigente la necesidad de establecer una regulación definitiva que sea aplicable tanto a nivel local (Ayuntamientos y Comunidades), pero también a nivel general, es decir, a nivel nacional e incluso europeo. En dicha regulación deben quedar claras las obligaciones de autoridades y usuarios, así como también los derechos de estos últimos en cuanto a uso de espacio público, seguridad, incluso hasta beneficios derivados del uso de VMP.

Transformación de las ciudades

Este es quizá uno de los puntos determinantes, las ciudades han ido evolucionando con la llegada de las nuevas formas de movilidad, por poner un ejemplo, los servicios de carsharing han ‘exigido’ la creación de nuevos espacios para aparcar hasta el punto de que el Ayuntamiento de Madrid, otro ejemplo puntual, ha trabajado junto a los proveedores de carsharing para ofrecer zonas de aparcamiento y facilitar el uso de estos servicios.

En esta línea, los Vehículos de Movilidad Personal también requerirán de espacios, el alquiler de bicicletas ya cuenta con zonas delimitadas para aparcar y recargar (si aplica). Varias ciudades cuentan con carriles bici. Pero si pensamos por un momento en un más que posible crecimiento exponencial del parque de VMP, las ciudades tienen un gran reto que afrontar, el espacio será necesario y es algo que requiere tiempo y esfuerzo.

Los usuarios necesitarán, y pedirán, carriles delimitados para conducir con libertad y seguridad, carriles que además conecten zonas críticas y así aprovechar todas las ventajas de estos vehículos. Como en toda transformación, una parte deberá ceder, en este caso es probable que sea el vehículo de combustión. Los ansiados parkings disuasorios serán una de las claves en este camino hacia una movilidad personal y compartida más eficiente.

Así, los coches aparcarían en un anillo exterior de la ciudad, y sus conductores completarían su trayecto en un VMP o transporte público, o incluso ambos. El espacio que ya no ocupan estos coches pasarían a ser aprovechados para peatones, servicios de sharing y también VMPs (con zonas de parking y recarga). Sin duda es una ecuación compleja pero viable, aunque requiere mucho esfuerzo de muchas partes implicadas.

Foto de Markus Spiske en Pexels

Ayudas a la compra

En la actualidad solo dos Comunidades Autónomas han dado pasos en firme en este aspecto, Valencia y Madrid cuentan ya con planes estructurados para incentivar la compra de VMP dotando de una ayuda directa a la compra que puede llegar a cubrir el 50% del valor del vehículo. Este tipo de planes podrían plantearse a nivel de Comunidad Autónoma, pero perfectamente podría establecerse un plan nacional que dote de continuidad y mayor presupuesto.

Integración dentro del transporte tradicional

Pensados para la ‘última milla’, los VMP pasarán a ser un pasajero más en trenes y autobuses, en este sentido, los usuarios deberían poder contar con zonas específicas para viajar con sus patinetes, monociclos o bicicletas, e incluso poder recargarlos durante el viaje si estos son eléctricos. Aunque actualmente se pueden subir un número específico de pasajeros con VMP, ¿qué pasará en unos meses/años cuando sean decenas en un vagón?

Seguridad

Con esto no nos referimos a casco, seguro de RC, etc. que asumimos que son básicos de partida. Pensemos en la seguridad como aspecto más general, para el conductor del VMP, peatones, otros vehículos. Ha quedado claro que no son juguetes, y con más unidades desplazándose por calles y avenidas, podríamos mencionar la necesidad de “educar antes de usar”, ¿es viable un programa de formación previo a la compra de un VMP?

Esta formación también podría impartirse a peatones y conductores en general, para favorecer una movilidad, además de segura, más tolerante y armónica, en la que todos conozcan mejor los VMP. Si nos centramos en el aspecto más técnico, ¿surgirá la necesidad de una suerte de ITV para estos vehículos? También podría ser y hasta tendría sentido que las autoridades exijan un libro de mantenimiento.

Es evidente que los VMP han llegado para quedarse y su presencia será cada vez mayor en nuestras ciudades, hay muchas más cosas en torno a ellos que ameritan análisis y decisiones. Con el paso del tiempo, a medida que evolucionen los vehículos y las ciudades, surgirán nuevos retos, muchos más. Os hemos planteado solo una parte de esta realidad ¿Cómo creéis que evolucionarán los VMP? No dudéis en dejarnos vuestros comentarios.

Con información de: DGTResearch GateiWheelSurvive

Header photo by Lucian Alexe on Unsplash

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